Valerio abre el espacio con una historia sobre una partida viviente en Madrid y la figura de Enrique Tierno Galván, y desde ahí va desplegando el reino mágico del ajedrez con naturalidad. Su locución es pausada, clara y envolvente. No corre. Deja espacio a las respuestas. Se nota que disfruta escuchando. El estilo es cercano, sin tecnicismos innecesarios, pensado para todos los públicos, como señala la propia descripción del podcast.
La primera invitada es Blanca Perea, ingeniera nuclear que trabajó ocho años en el CERN, en el acelerador de partículas donde se confirmó el bosón de Higgs. Ella misma lo resume así: “Estuve ocho años trabajando en el acelerador de partículas que luego ha visto el bosón de Higgs”. Desde ahí, la conversación fluye hacia el ajedrez como espacio de pausa en medio de la alta dirección empresarial. “Muchas veces en gestión, la decisión más difícil es la de parar un momento”.
El episodio está bien estructurado. Primero, el retrato humano de Blanca y su relación con el ajedrez tras la muerte de su padre. Después, el vínculo entre estrategia empresarial y tablero. Más tarde, entra en escena Manuel Azuaga, que recupera la figura de Albert Einstein y su relación con Emanuel Lasker, conectando ciencia y ajedrez desde otro ángulo. Finalmente, llega el bloque central con Leontxo García, que aporta contexto histórico, educativo y político al juego.
La transición entre secciones es natural. No hay sensación de compartimentos cerrados. Todo gira alrededor de una misma idea: el ajedrez como herramienta para pensar. Cuando Leontxo afirma que ha contribuido a formar a más de 30.000 maestros en ajedrez educativo en más de 30 países, el programa adquiere una dimensión pedagógica clara. Y cuando dice: “Cada día en el mundo hay más gente que piensa menos”, introduce una reflexión que va más allá del tablero.
La producción sonora es sencilla y eficaz. Predomina la voz y no hay exceso de efectos ni música invasiva. Se percibe el ambiente de estudio, con intervenciones que entran y salen con limpieza. La duración es adecuada para mantener la atención sin alargar los bloques.
En cuanto a la profundidad, el episodio no pretende agotar los temas, pero sí abrir puertas. Blanca habla del ajedrez como lenguaje infinito. Azuaga recuerda que Einstein veía el juego “demasiado para juego y demasiado poco para ciencia”. Leontxo conecta el ajedrez con la inteligencia artificial, la educación y la política internacional. Todo ello sin perder el tono divulgativo.
El público objetivo es amplio. Aficionados al ajedrez, sí, pero también oyentes interesados en historias humanas y en conversaciones que cruzan disciplinas. No hace falta saber mover las piezas para seguir el episodio. El ajedrez funciona como metáfora accesible.
Como oyente, la sensación es la de asistir a una charla bien hilada donde cada invitado aporta una capa distinta. Blanca introduce la ciencia y la gestión. Azuaga aporta el relato cultural. Leontxo ofrece perspectiva histórica y educativa. Y Valerio actúa como hilo conductor, preguntando con calma y dejando espacio para que las ideas respiren.Entre las fortalezas del episodio está la variedad de voces y la coherencia temática. Como posible debilidad, algunos bloques podrían desarrollarse más, especialmente cuando aparecen referencias históricas que invitan a profundizar.
En otras entregas podemos conocer, por ejemplo, a cuatro mujeres jubiladas que viajan juntas para organizar su propio torneo, o escuchar el testimonio del campeón mundial de ajedrez para ciegos Daniel Pulvett. También se recuperan figuras como Judit Polgar o Sonja Graf, ampliando la mirada histórica y educativa del juego.
En conjunto, Jaquelandia demuestra que el ajedrez puede ser un territorio narrativo fértil. Este capítulo, en concreto, logra conectar el bosón de Higgs con un peón que avanza, la gestión empresarial con una pausa estratégica y la educación con la necesidad de pensar mejor. Un episodio recomendable para quienes buscan una conversación tranquila, bien construida y con fondo.
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